LA LEYENDA DEL COLIBRÍ

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Cuenta una antigua leyenda guaraní que:

“Una vez se desató un enorme incendio en la selva.

Todos los animales huían despavoridos en dirección contraria al incendio, todos, menos el pequeño colibrí, que en lugar de alejarse de éste, iba y venía.

En un principio los animales no repararon en él, pero al verlo repetidas veces volar sobre sus cabezas en ambas direcciones, el jaguar decidió preguntarle lleno de curiosidad.

-¿Qué estás haciendo, colibrí?-

-Voy al lago, cojo agua con mi pico y vuelvo para arrojarla al fuego y apagarlo,- contestó el ave.

-¿Estás loco, crees que tú sólo, con tu pequeño pico vas a poder apagar este enorme incendio?- le increpó el jaguar.

-Bueno-, respondió el colibrí, -yo sólo hago lo que puedo- y sin más, reinició su vuelo y volvió a dirigirse al lago a por más agua.”

¿Qué tal si de vez en cuando, nos convertimos en pequeños colibrís?

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EL EFECTO DOMINÓ

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Esa noche me acosté pronto porque estaba un poco cansada.

Además las noticias me aburrían, siempre noticias tristes, negativas, catastróficas…, estaba hasta las narices de tanta negatividad, ¿es que no habría noticias buenas alrededor del mundo?

¿O simplemente nos querían mostrar que vivíamos en un caos y no había otra salida más que el sufrimiento, la pena e ir siempre “con la escopeta cargada” (a veces, por desgracia, literalmente)?

Pues yo me negaba, sentía que algo en mí, e incluso en la sociedad estaba cambiando y no sólo lo sentía, sino que estaba viendo pequeños detalles que me lo confirmaban.

Uno de esos detalles ocurrió esa misma mañana cuando estaba esperando el tren en la estación de Atocha para ir a Guadalajara.

Cerca de mi había una señora de mediana edad con una maleta inconmesurable, de esas que llevas cuando te tienes que marchar de tu país y meter todas tus pertenencias e incluso tu vida entera en una sola maleta…

El caso es que cuando ya el tren iba acercándose y por fin paró, un chico de unos veintitantos años, con la cabeza rapada y lleno de tatuajes, se acercó a la señora y tras decirle unas palabras, le subió la maleta en un abrir y cerrar de ojos.

Una vez se la acomodó en su sitio, él fue a sentarse a otro sitio, sin más rodeos ni publicidad.

Fue un gesto tan genuino, amable y desinteresado que me tocó la fibra.

Quedé tan impresionada, perpleja y con una sensación tan difícil de explicar, que sentí cómo en mi interior se soltaba un resorte invisible.

Fue tanto, que cuando llegué a mi destino pensé en qué podría hacer yo para parecerme a ese chaval.

Y casualmente, había una chica con un carrito de bebé bastante aparatoso a mi lado dispuesta a bajar, asi que ni corta ni perezosa decidí imitar al “héroe” anónimo.

Primero de todo, le pregunté a la chica si necesitaba ayuda, pues nunca sabes si la gente va a dejarse ayudar o no y al decirme que sí, le ayudé a bajar a ese bebé al andén del tren.

Una vez abajo, sentí una sensación tan buena y tan placentera por el simple hecho de haber ayudado a alguien, que entendí perfectamente al chaval apenas hacía una hora en la estación de Atocha.

¿Y si cada uno de nosotros hiciéramos un pequeño buen gesto al día, a la semana o al año, dentro de nuestra capacidad y posibilidades? De forma desinteresada, con desapego y sin fijar ningún objetivo ni pretensión, seguro que acabaríamos viendo una realidad diferente y no sólo eso, sintiéndonos que formamos parte de un mundo mejor.

¡Porque si uno cambia, aunque sea una pequeñísima pieza del dominó, quizá pueda mover el dominó entero!

 

Esa noche me olvidé por completo de las noticias de la tele y en su lugar tuve una sensación de paz y tranquilidad y eso me produjo un sueño agradable y reparador.

EL ERROR ZVRTUY784321

Robot

El pequeño Juan llamaba a su abuela sollozando en medio de la noche.

-“Abuelita, acabo de tener una pesadilla, ¿quieres saber lo que he soñado?” le preguntó con frases entrecortadas bañado en sudor…

-“Claro que sí, hijo mío, cuéntame tu sueño” y la abuela se sentó a su lado a escucharlo pacientemente.

-“He soñado que estábamos en el futuro y unos malvados extraterrestres querían acabar con la raza humana haciéndoles sus esclavos; para ello se servían de robots y máquinas inteligentes”. De repente paró para tomar aliento y prosiguió de forma acelerada.

-“Empezaron a introducir estas máquinas en la vida cotidiana para entretenerles, luego siguieron metiendo robots para ayudar a las mamás en casa, a los papás en el trabajo y en los coches e incluso en el cole para ayudar a los maestros, hasta que llegó un día en que las personas no sabían hacer nada sin consultarles y dependían totalmente de ellos.

-“Pero, ¿a qué te refieres diciendo que dependían de ellos?” le preguntó la abuela intrigada.

-“Muy fácil abuelita, por ejemplo si un niño quería saber qué tiempo hacía fuera en la calle, en vez de mirar por la ventana o salir a comprobarlo, le preguntaba a su máquina y esta se lo decía. ”

-“¡Pero entonces si la máquina quería engañarle, lo hacía y el niño le creía!”

-“Sí, abuelita y llegó a tal punto que las personas empezaron a confiar más en las máquinas que en ellas mismas e incluso quisieron parecer humanoides implantándose chips y mecanismos en su cuerpo para ser como los robots.”

-“¿Y qué tiene que ver esto con los malvados extraterrestres y su idea de acabar con los humanos?” le preguntó la abuela extrañada.

-“Pues que los extraterrestres eran los que controlaban a las máquinas que ayudaban a los humanos y si a su vez, estos se convertían en máquinas podían controlar a todos por igual y hacer que trabajaran para ellos como esclavos y manejarlos a su antojo.”

El pequeño lo veía tan nítido que se reflejaba el miedo en sus ojos.

-“Bueno, pequeñín, no te preocupes pues todo ha sido un mal sueño, vuelve a dormir y ya verás cómo mañana no te acuerdas de nada y mientras lo arropaba en su cama y salía sigilosamente fuera de la habitación mascullaba para sus adentros:

-ya me dijeron que este niño nos iba a dar problemas…

Cuando la abuela estuvo completamente a solas, activó un pequeño botón verde y se comunicó con la base:

-“Aquí estación ZVRTUY784321 al habla, he detectado un error en el sistema JuanZVRTUY784321, solicito formateen su disco duro para eliminar información errónea.

Cambio y corto”.

 

LAS COSAS MÁS IMPORTANTES, NO SON COSAS…

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Hoy día 8 de Marzo,

las mujeres de celebración estamos,

nos miramos en el espejo

y muy guapas nos engalanamos.

Con mucha ilusión y alegría,

salimos a la calle,

a mostrarnos al mundo tal y como somos

y a disfrutar de nuestra sabiduría.

Yo no quiero sólo hoy,

por ser un día señalado,

estar orgullosa de ser mujer

y decirlo a los cuatro costados.

Yo quiero todos y cada uno de mis días,

sentirme muy orgullosa de mí misma,

de mi madre, de mi hija, de mis hermanas,

de mis sobrinas, de mis amigas

e incluso de aquellas que me ponen

mil y una zancadillas,

pues todas unidas conseguiremos,

todo lo que nos propongamos,

alcanzar bonitas metas

y conseguir nuestros sueños.

Pero no por ello, puedo olvidar,

a los grandes hombres de mi vida,

esas grandes personas

que en mi camino se han cruzado,

me han dado la mano

y también me han acariciado.

Sin ellos no estaría aquí,

ni contaría lo que cuento,

me faltaría parte de mí

y vagaría cuál lamento.

A una conclusión muy sencilla,

un día cualquiera llegué

y desde entonces

mi vida entera yo cambié.

Sentí que EL RESPETO,

es lo más importante,

el respeto hacia mí misma

y hacia todo lo circundante.

Y si al respeto le añades,

unas gotitas DE AMOR,

sale una poción mágica

y de ella una bella flor,

que esparce su aroma

allá a donde vayas,

te hace sentir tranquila

y feliz contigo misma.

Por eso a mí,

no me gusta,

nada, nada, etiquetarme,

ni sentirme encasillada.

Pues desde mi libertad,

huyo de las mentes cuadradas.

Así cuando a mis oídos llega,

una palabra malsonante,

la cambio por otra parecida,

pero que me levante el talante.

Hoy unas cuantas de ellas,

con tod@s quiero compartir,

soltarlas a diestro y siniestro

y que vuelen todo el año, cual colibrí.

Con mucho amor e ilusión,

                  clamor y emoción,

                   fulgor y compasión,

y un montón de alegría y cooperación,

me despido con una frase,

de un tío mío (que en paz descanse),

al que le tenía mucha admiración,

por sus chascarrillos y sobre todo,

por su sentido del humor:

“Hoy me he levantado con ganas de trabajar,

voy a acostarme a ver si se me pasan…”

¡¡¡FELIZ DÍA A TOD@S!!!

 

 

 

POEMA DE AMOR EN FORMA DE FLOR

Poema de amor

Una carta diferente,

para San Valentín yo te escribo,

no quiero parecer cursi,

ni caer en el olvido.

Con sentido del humor,

hoy me honra agasajarte,

lo feliz que contigo estoy

y lo dichosa que soy de amarte.

Vamos tan sincronizados,

que cuando tú dices ¡So! yo digo ¡Arre!

y cuando tú dices ¡Arre! yo digo ¡So!

menos mal que el caballo,

pasa de nosotros dos.

Si yo estoy triste,

tú me animas,

me haces muchas cosquillas

y jugamos a hacer rimas.

Si tú te disgustas,

yo te tranquilizo,

te tumbas en mi regazo

y varas cual nave nodriza.

A veces yo me retiro a un convento a meditar,

entonces llegas tú escandaloso y me invitas a bailar.

Otras veces tú en el sofá te quedarías,

llego yo y te doy la mano,

nos vamos de paseo,

o a visitar a fulano o a mengano.

Batallas de toda índole

hemos tenido que lidiar

y muchas más que están por llegar,

yo te digo alma mía,

que saldremos airosos

y al final podremos darnos,

sendos abrazos de osos.

Quizá no te digo lo que te quiero todo lo que me gustaría,

por simple indecisión

o por pura cobardía;

pero hoy me he envalentonado,

los machos me he agarrado

y a los cuatro vientos grito:

-¡Te quiero muchito, mucho,

tanto como la trucha al trucho,

espero que por muchos años

y con este sentido del humor,

paseemos juntos de la mano,

con gran cariño y dulzor!

-FIN-

 

EL CANTAR DE ARAGÓN

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¡Acercaros todos, acercaros,

hombres, mujeres y niños,

que hoy una bonita historia,

he venido a transmitiros!

Hacerle caso a este humilde servidor,

que como juglar se gana la vida

y a entreteneros he venido,

a cambio de unos maravedís,

o unas cuantas libras de trigo.

Esta es la historia de amor,

más bella que a mí me han contado,

os lo puedo asegurar

pues hasta a mí me ha emocionado.

La historia de un caballero trata,

afamado y valeroso,

por la terminación podría ser,

Dulcineo del Toboso,

pero esto no es el Quijote,

ni yo Don Miguel de Cervantes,

no aparecen ni molinos,

ni siquiera Rocinante.

Y dicho caballero arribó

a una venta muy humilde,

de un pueblo aragonés,

buscando algo de reposo

y descansar algo los pies.

Pero al ver a la hija de la posadera,

tan frágil y tan hermosa,

quedó prendado de ella

y le regaló una rosa.

Ella no quería compromisos,

ni nadie que le dijera,

lo que tenía que hacer,

ni lugar a dónde fuera.

Pero ante la gran insistencia,

de este apuesto caballero,

decidió desatarse el moño

y ponerse su sombrero.

Y en un momento dado,

ella en sus ojos reparó,

los miró atentamente

y casi, casi, se asustó.

Le vio enterito por dentro

¡hasta las entrañas y tó!

Le vio el alma impoluta,

aunque le deslumbró su corazón,

tan grande lo tenía el mozo,

que de su pecho se le salía,

daba la vuelta a la manzana

y llegaba hasta la abadía.

Al instante la maña sintió,

que su corazón también se desbordaba,

no llegaba tan lejos,

pero a los pies le llegaba.

Y allí mismo, sin tardar,

ambos se fundieron en un beso,

de forma tan apasionada,

que a ella se le cayó el viso y la enagua

y a él la armadura y la coraza.

Desde ese momento,

nada ni nadie los pudo separar,

él cambió las batallas,

por una dama y un hogar,

la lanza por una buena azada

y a su caballo libre le dejó trotar.

Ella le agradeció la insistencia,

a tan gallardo galán

y a esos ojos color avellana

cargados de sinceridad;

con ese brillo y esa chispa,

que sólo él le podía dar,

a ella no se le ocurrió,

nunca más a otros ojos asomar,

pues ya tenía unos,

tan bellos como dos luceros,

que cada vez que en ellos reparaba,

daba la vuelta al mundo entero

y se le caía de emoción la baba.

Y a raíz de esta historia,

cuentan las malas lenguas,

que si fijamente,

a los ojos de un galán osas mirar,

te cautivan, te embaucan,

te llevan de viaje

y hasta encinta te puedes quedar.

-FIN-

 

 

LAS DEPORTIVAS AZULES

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De aquella fatídica tarde de Marzo sólo recuerdo que íbamos en el coche toda la familia tarareando “Viva la Vida” de Coldplay a celebrar el ochenta cumpleaños de mi madre y estaba empezando a anochecer.

Lo siguiente fue un gran impacto, un golpe seco y literalmente todos, coche incluído, volando por los aires, olor a caucho quemado, un ruido ensordecedor, gritos y nada más…

Después de eso, un ruido de sirenas, gente corriendo y hablando de forma acelerada pero lo escuchaba muy, muy lejano, como si yo no estuviera allí.

De vez en cuando, notaba que respiraba con dificultad e intentaba abrir los ojos al oír mi nombre, pero yo solo tenía ganas de dormir profundamente.

Cuando quise recuperar un poco la consciencia y pude abrir los ojos, vi a mi marido a mi lado con gesto cansado y de preocupación, al verme despierta se acercó a mi rostro, mientras avisaba a la enfermera.

Con la boca seca, en un hilo de voz pude preguntarle:

-“¿Cuánto tiempo llevo aquí?”

-“¿Qué me ha pasado? No recuerdo casi nada…”

-“¿Y los niños, dónde están, se encuentran bien?”

Tenía tantas preguntas que hacerle que casi no le dejaba contestar.

-“Cariño, ahora lo que necesitas es descansar, no te preocupes, estamos todos bien y tú también estarás bien en breve” afirmó con mirada tierna cogiéndome de la mano.

-“Y mira, todas las flores que te han traído familiares, amigos y hasta los niños te han hecho un dibujo” respondió intentando animarme y de paso, cambiar de tema.

Casi de inmediato llegaron el médico y la enfermera y comenzaron a hacerme pruebas, a preguntarme cómo me encontraba y a palpar mis extremidades, aunque a decir verdad, sentía mi cuerpo magullado, dolorido, pero sobre todo, las piernas las tenía como acartonadas, dormidas, con un cosquilleo bastante inusual.

Poco a poco, me fueron relatando lo que pasó.

Habíamos tenido un accidente mientras circulábamos rumbo a Guadalajara, un ciervo saltó a la carretera justo en el mismo instante en que nosotros pasábamos, colisionando ambos y saliendo despedidos, nosotros, hacia la cuneta dando varias vueltas de campana y el pobre animal, en sentido contrario, muriendo en el acto.

De los cuatro ocupantes que íbamos, mi marido y mis hijos sólo habían sufrido algunas magulladuras y una leve cervicalgia, pero yo había recibido el mayor impacto, sobre todo en la parte baja de la columna.

Cuando volvíamos del hospital camino a casa, las palabras del doctor al darme el alta retumbaban en mi cabeza como si de un martillo se tratara, fraguándolas a fuego en mi cerebro:

-“No podrás volver a caminar, necesitarás una silla de ruedas para el resto de tu vida…”

Y como si de una frase maldita se tratara, inconscientemente yo la repetía una y otra vez.

Estando ya casi a punto de llegar a nuestro domicilio, en un parque cercano, vi a una muchacha corriendo con unas llamativas deportivas azules, feliz, libre, sin ataduras y en ese instante reparé en un gesto al que nunca le había dado la más mínima importancia, algo sencillo pero a la vez infravalorado como es la capacidad de moverse por uno mismo y allí, en ese preciso momento, me prometí a mí misma que algún día correría como aquella chica, me daba igual lo que dijera el médico y el martilleo ensordecedor de mi cabeza, estaba segura de que algún día lo lograría.

Desgraciadamente la promesa quedó ahí y mi carácter fue empeorando por momentos.

En lugar de disfrutar de todo lo maravilloso que me rodeaba, no permitía un atisbo de alegría en mi vida.

Si alguien venía a visitarme, respondía de manera punzante pues en el fondo no podía soportar que todo el mundo pudiera moverse libremente menos yo.

Adopté un papel de víctima que no me estaba ayudando en absoluto y con quién menos consideración tenía, era con mis familiares más cercanos.

A mi marido lo trataba como a un sirviente, siempre llamándolo a gritos y pidiéndole cosas insignificantes, le castigaba inconscientemente por no estar en mi lugar.

De mis hijos me molestaban incluso cosas tan sencillas como que jugaran o simplemente hicieran ruido.

Un fin de semana que vinieron a visitarme mis padres y hermanos, al ayudarme a levantarme, una de mis hermanas encontró una mancha de sangre entre mis sábanas; al principio nos asustamos, pero finalmente nos dimos cuenta de que me había venido el período, tan sólo eso.

Sentir que yo ni siquiera era capaz de cosas tan elementales como limpiarme o ponerme una compresa fue la gota que colmó el vaso.

Rompí a llorar desconsoladamente, de rabia, de furia y de amargura y por más que quería parar, no podía.

Así permanecí un buen rato, abrazada a mi hermana y llorando desconsoladamente; sólo entonces fui capaz de liberar la tensión que tenía acumulada durante meses y cuando me calmé, sentí una especie de tranquilidad que desde hacía mucho tiempo anhelaba.

En una de mis revisiones rutinarias, mi médica me habló de un cirujano que estaba realizando un tipo de operación bastante compleja pero que  estaba funcionando y devolvía la movilidad en algunos casos, era de un riesgo elevado y necesitaba una rehabilitación larga y dificultosa.

Por fin experimenté un atisbo de luz, una tabla de salvación, no me importaba el riesgo, la rehabilitación, todo…, total, era imposible quedarme peor de lo que estaba en ese momento.

Lo consulté con mi marido y decidí operarme.

Un 28 de Febrero del 2013, un mes y poco antes de cumplir los cuarenta, estaba en un quirófano poniendo mi vida y mi movilidad en manos del destino y del buen hacer de la medicina y de sus maravillosos profesionales.

Dos años más tarde, estaba sentada en mi cama abrochándome mis zapatillas deportivas para salir a correr por el mismo parque por el que un día me imaginé haciéndolo y simplemente sonreí.

¡Lo había conseguido!

-FIN-

Elisa Berzurí.